Esta tarta de queso con cuajada es uno de esos postres sencillos que podemos preparar sin necesidad de utilizar el horno. Tiene una textura suave y cremosa, una base crujiente de galletas y el toque de la mermelada de arándanos, que combina estupendamente con el sabor del queso.
Además, podemos prepararla con antelación y dejarla reposando en el frigorífico hasta el momento de servir. Una receta fácil y muy apetecible para cualquier ocasión.
INGREDIENTES:
Para la base:
- 20 galletas María.
- 75 g de mantequilla a temperatura ambiente.
Para el relleno:
- 500 ml de leche.
- 500 ml de nata.
- 2 sobres de preparado para cuajada.
- 6 cucharadas de azúcar.
- 1 tarrina de queso para untar.
- Mermelada de arándanos.
PREPARACIÓN:
Comenzamos preparando la base de la tarta. Trituramos muy bien las galletas María y las mezclamos con la mantequilla hasta obtener una masa homogénea.
Extendemos la mezcla sobre la base de un molde desmontable, presionando ligeramente para que quede compacta y uniforme. Guardamos el molde en el frigorífico mientras preparamos el relleno.
Reservamos un vaso de leche fría y disolvemos en él los dos sobres de cuajada, procurando que no queden grumos.
Ponemos en un cazo el resto de la leche, la nata, el azúcar y el queso para untar. Calentamos a fuego medio mientras removemos hasta obtener una crema fina y homogénea.
Cuando la mezcla esté caliente, incorporamos la leche con la cuajada disuelta. Continuamos calentando sin dejar de remover hasta que vuelva a hervir, siguiendo también las indicaciones del fabricante de la cuajada.
Retiramos el cazo del fuego y vertemos con cuidado el relleno sobre la base de galletas.
Dejamos que la tarta pierda temperatura y después la introducimos en el frigorífico hasta que esté completamente cuajada, preferiblemente de un día para otro.
Una vez bien fría y cuajada, cubrimos la superficie con mermelada de arándanos. También podemos utilizar mermelada de fresa, frambuesa o cualquier otro fruto rojo que nos guste.
La servimos bien fría.
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