Esta entrada la publiqué a partir de una información de EFE que hablaba sobre el consumo de agua y la pérdida de peso. Por aquel entonces se repetía mucho eso de que beber agua adelgazaba, como si por llenar unos cuantos vasos al día los kilos fueran a desaparecer solos.
Pues no, el agua no adelgaza por sí misma ni hace que perdamos grasa. Otra cosa es que pueda echarnos una mano cuando estamos intentando cuidar la alimentación.
Por ejemplo, si sustituimos los refrescos u otras bebidas con calorías por agua, al final del día habremos consumido menos. También se ha estudiado si beber agua antes de las comidas puede ayudar a algunas personas a comer menos, aunque los resultados no permiten asegurar que funcione igual para todo el mundo.
La noticia citaba una revisión publicada en 2013 y dirigida por Rebecca Muckelbauer, de la Charité de Berlín. Algunos de los estudios analizados encontraron mejores resultados entre las personas que aumentaron el consumo de agua mientras seguían un programa para perder o mantener peso.
Sin embargo, las pruebas disponibles eran escasas y no demostraban que beber más agua, sin cambiar nada más, hiciera adelgazar. Y ahí está la diferencia: una cosa es que pueda ayudar dentro de un conjunto de hábitos y otra muy distinta pensar que el agua hará el trabajo ella sola.
Las revisiones publicadas posteriormente tampoco han encontrado ese vaso milagroso. Algunos ensayos apuntan a un posible beneficio, sobre todo al beber agua antes de las comidas o al utilizarla para sustituir bebidas calóricas, pero la evidencia sigue siendo limitada.
Así que beber agua es importante para mantener una hidratación adecuada y puede ayudarnos si reemplaza otras bebidas con azúcar o calorías. Pero para adelgazar también cuentan la alimentación, las cantidades, la actividad física y el conjunto de nuestros hábitos.
