En algunas de las primeras recetas del blog hablaba de la dieta disociada. Más de una vez, además. Era la dieta que yo hacía en aquel momento y por eso hay recetas en las que aparece el nombre de Montignac.
¿Y qué era eso de Montignac?
Pues una forma de comer con bastantes reglas. La seguí durante un tiempo y, si he de ser sincera, cuando la hacía bien lograba controlar el peso. Cuando la hacía bien, claro, porque había días en los que cumplía las reglas y días en los que no las cumplía tanto. Como pasa con casi todas las dietas.
Años después he vuelto a leer aquella entrada. Y algunas cosas ya no las veo igual.
No voy a decir que la dieta no me sirvió. Sí me sirvió. Pero una cosa es que yo perdiera peso y otra muy distinta que lo perdiera por no mezclar ciertos alimentos, que era una de las ideas en las que se basaba el método y que entonces yo daba por buena sin plantearme mucho más.
Michel Montignac daba mucha importancia al índice glucémico. Según su método, no todos los alimentos que llevan hidratos de carbono eran iguales y había que escoger unos y dejar otros de lado.
El azúcar no. El pan blanco, tampoco. Y con las harinas y los cereales había que tener cuidado.
Hasta ahí, bien.
Luego venía lo de separar. Había unas comidas en las que se tomaban hidratos de carbono y otras en las que se podían tomar proteínas y grasas. No se podía mezclar todo con todo. Había que mirar las listas, recordar qué iba con qué y pensar la comida antes de prepararla.
Yo llegué a acostumbrarme. Por eso puse en el blog que algunas recetas eran aptas para Montignac. Lo eran siguiendo las reglas que yo conocía entonces.
No.
Hoy no se considera que separar los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas ayude a adelgazar. Podemos comerlos juntos. El cuerpo sabe qué hacer con ellos y no necesita que preparemos una comida para las proteínas, otra para los hidratos y otra para las grasas.
Hay otra cosa que también se decía mucho: que la fruta había que comerla sola para que no fermentara. Yo misma lo escuché más de una vez. Sin embargo, tampoco hace falta separar la fruta del resto de la comida por ese motivo.
¿Quiere decir esto que todo estaba mal? Pues tampoco.
Comer menos azúcar, menos pan blanco y menos productos hechos con harinas refinadas era uno de los consejos del método. También se comían verduras, legumbres y alimentos poco preparados. Esa parte estaba bien entonces y sigue estando bien ahora.
En mi caso, seguramente porque estaba más pendiente de lo que comía.
Si una empieza a mirar los alimentos, deja los dulces, come menos pan, se sirve menos cantidad y, además, evita picar porque casi nada de lo que tiene a mano encaja con las reglas de la dieta, lo normal es que termine comiendo menos aunque no cuente las calorías ni pese cada cosa que pone en el plato.
Y así se puede perder peso. Yo lo perdí.
También se comparó una dieta disociada con una dieta normal y equilibrada que tenía las mismas calorías. Las dos hicieron perder peso. La disociada no hizo perder más.
Así que no era la mezcla.
Además, en el peso influyen muchas cosas. Lo que comemos, sí. Lo que nos movemos, también. Pero están la salud, los medicamentos, el sueño, los nervios, la genética y la vida que lleva cada persona, que a veces permite organizarse muy bien y otras veces no permite organizar nada.
No somos una cuenta de sumar y restar. O, por lo menos, no somos solo eso.
Porque es parte del blog.
En aquella época yo seguía el método Montignac, cocinaba de acuerdo con sus normas y hablaba de él en algunas recetas. Si ahora borrara todas esas menciones, parecería que nunca ocurrió. Y ocurrió.
Lo que prefiero hacer es dejarlo y contar también lo que pienso hoy. Antes creía que separar los alimentos era una parte importante de la dieta. Ahora no.
Ahora intento verlo de un modo menos complicado: comer variado, tomar frutas, verduras y legumbres, no abusar de los dulces ni de la sal y elegir, siempre que se pueda, alimentos poco procesados. Habrá días mejores y días peores. También es normal.
Si hay que perder peso por una cuestión de salud, ahí sí creo que no conviene ir probando una dieta detrás de otra. Lo mejor es buscar a un profesional que sepa lo que hace y que tenga en cuenta a la persona que tiene delante, no solo una lista de alimentos permitidos y prohibidos.
Han pasado muchos años desde que escribí aquella entrada. Han cambiado las cosas que sabemos y he cambiado yo también. Así debe ser.
Este blog cuenta lo que he cocinado y lo que he ido aprendiendo. Lo de entonces está aquí. Y lo de ahora, también.
(Esta entrada fue actualizada el 15 de agosto de 2026).

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