Durante algunos viernes de vigilia, mi madre preparaba estos garbanzos en ayuno. Es un guiso sencillo, sin carne ni pescado, que se completa con patatas y huevo cocido y resulta perfecto para esos días en los que apetece un plato de cuchara sin demasiadas complicaciones.
- 500 g de garbanzos secos.
- 2 o 3 patatas.
- 2 huevos duros.
- 1 cebolla.
- 3 dientes de ajo.
- Perejil picado.
- Laurel.
- Azafrán o colorante alimentario.
- Aceite de oliva.
- Sal.
- 1 pastilla de caldo vegetal.
- 1 cucharadita de harina, opcional.
- Agua.
La noche anterior ponemos los garbanzos en remojo con abundante agua.
Pelamos y picamos finamente la cebolla y los dientes de ajo. Ponemos un poco de aceite de oliva en una sartén y los sofreímos a fuego suave hasta que la cebolla esté tierna y transparente.
Escurrimos los garbanzos y los ponemos en una olla con agua caliente. Añadimos el sofrito, el laurel, la pastilla de caldo vegetal y unas hebras de azafrán o un poco de colorante.
Cocinamos los garbanzos durante el tiempo que necesiten según el tipo de olla que utilicemos. Cuando estén casi tiernos, añadimos las patatas peladas y cortadas en trozos.
Continuamos la cocción hasta que los garbanzos y las patatas estén en su punto.
Si queremos que el caldo quede un poco más trabado, disolvemos la cucharadita de harina en medio vaso de agua fría. Incorporamos la mezcla poco a poco al guiso, removemos con cuidado y dejamos cocer unos minutos para que la harina se cocine y el caldo espese ligeramente.
Añadimos el perejil picado y los huevos duros troceados. Probamos el caldo y ajustamos de sal si fuera necesario.
Retiramos la olla del fuego y dejamos reposar el guiso unos minutos antes de servir.
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