Esta vez he preparado una dorada a la espalda un poco especial. Normalmente se utilizan doradas de ración, se hacen primero por la parte de la carne en una sartén y después se terminan en el horno. Pero claro, la mía pesaba cerca de 2 kg y no tenía ninguna sartén donde pudiera meterla.
Así que decidí hacerla directamente en el horno. Quedó muy rica y pienso repetirla de esta manera porque, además, me resultó mucho más limpio y rápido.
- 1 dorada grande.
- 4 o 5 dientes de ajo.
- 1 guindilla.
- Aceite de oliva.
- Sal.
Limpiamos bien la dorada, quitándole las escamas, la cabeza, las vísceras y las aletas.
La abrimos por la mitad y retiramos todas las espinas grandes que podamos, procurando no estropear el pescado. Ponemos sal por los dos lados.
Precalentamos el horno a 200 ºC.
Untamos la bandeja con un poco de aceite y colocamos la dorada abierta, con la piel hacia abajo. Echamos otro poquito de aceite por encima.
La metemos en el horno hasta que esté hecha. Para comprobarlo, miramos la parte más gruesa: la carne debe haber perdido el aspecto translúcido y separarse fácilmente, pero sin dejar que se reseque.
Mientras se hace la dorada, preparamos la ajada. Pelamos los dientes de ajo, los cortamos en láminas y los freímos con la guindilla troceada. Vigilamos los ajos porque se queman enseguida y entonces amargan.
Sacamos la dorada del horno y repartimos por encima la ajada bien caliente.
¡Lista y a disfrutar!
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