A mi hija Alicia le encanta preparar este aperitivo. Lo probó hace tiempo en un bar de Almería y le gustó tanto que después lo ha repetido varias veces en casa.
No tiene ninguna complicación y se prepara en un momento. Lo mejor viene al llevarlo a la mesa: rompemos el huevo, lo revolvemos todo y procuramos que las patatas no se queden sin su parte de gulas.
- 250 g de gulas, solas o acompañadas de gambas.
- 2 dientes de ajo.
- Patatas paja ya preparadas.
- 1 huevo.
- Aceite de oliva.
Pelamos los dientes de ajo y los cortamos en láminas.
Ponemos un poco de aceite de oliva en una sartén y sofreímos los ajos, vigilando que no lleguen a quemarse.
Añadimos las gulas y las rehogamos durante unos minutos. Las retiramos del fuego y reservamos.
Freímos el huevo procurando que la clara quede completamente cuajada y la yema se mantenga a nuestro gusto.
Cubrimos el fondo de una fuente con las patatas paja. Repartimos las gulas por encima y terminamos colocando el huevo frito en el centro.
Lo servimos inmediatamente. Ya en la mesa, rompemos el huevo y mezclamos todo para que la yema se reparta entre las gulas y las patatas.
¡Listo, fácil y muy rico!
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