Perder peso de manera saludable no consiste en seguir una dieta estricta durante unas semanas, sino en adquirir hábitos de alimentación y de vida que podamos mantener con el paso del tiempo. Por eso he querido actualizar esta antigua entrada del blog y reunir algunas recomendaciones útiles antes de comenzar.
Con ella inicio también un apartado dedicado a la alimentación, la cocina y los hábitos saludables, en el que iré compartiendo de vez en cuando información que pueda resultar práctica.
- Plantéate un objetivo realista. No necesitamos conseguir grandes cambios en pocas semanas. Es preferible establecer objetivos que podamos alcanzar y mantener.
- No te obsesiones únicamente con las calorías. Conocer la información nutricional de los alimentos puede resultar útil, pero también debemos fijarnos en la calidad y variedad de lo que comemos.
- Aprende a leer las etiquetas. Nos ayudarán a comparar productos y a conocer mejor su composición.
- No pases hambre deliberadamente. Una alimentación destinada a perder peso debe aportar los nutrientes necesarios y poder mantenerse sin convertir cada comida en un sacrificio.
- No elimines alimentos o grupos completos de alimentos sin necesidad. Una dieta excesivamente restrictiva suele ser más difícil de mantener y puede resultar nutricionalmente inadecuada.
- Come despacio y presta atención a las cantidades. Intenta reconocer cuándo tienes hambre y cuándo comienza a aparecer la sensación de saciedad.
- Haz de las verduras, frutas, legumbres y otros alimentos poco procesados una parte habitual de tu alimentación.
- Mantente activa. Caminar, bailar, nadar, montar en bicicleta o realizar cualquier actividad que podamos practicar con regularidad aporta importantes beneficios para la salud.
- Busca una actividad física adecuada a tus posibilidades. No es necesario hacer ejercicio hasta el agotamiento. La constancia es mucho más importante.
- Observa tus hábitos. A veces comemos por aburrimiento, costumbre, estrés o simplemente porque tenemos determinados alimentos delante. Reconocer esas situaciones puede ayudarnos a cambiarlas.
- No conviertas determinados alimentos en algo absolutamente prohibido. Una alimentación saludable también debe poder convivir con celebraciones y pequeños caprichos ocasionales.
- Busca apoyo si lo necesitas. La familia, los amigos y, especialmente, los profesionales sanitarios pueden ayudarnos a mantener nuestros objetivos.
- Desconfía de las dietas milagro. Las promesas de pérdidas espectaculares de peso en muy poco tiempo deberían hacernos sospechar.
- No te desanimes por un tropiezo. Cambiar de hábitos requiere tiempo. Un día en el que comamos más de lo previsto no significa que todo el esfuerzo anterior se haya perdido.
- Piensa en tu salud, no solamente en la báscula. Comer mejor, moverse más, descansar adecuadamente y adquirir buenos hábitos resulta beneficioso aunque los cambios de peso sean lentos.
No existe una dieta perfecta que sirva para todo el mundo. La alimentación debe adaptarse a nuestra edad, estado de salud, actividad física, preferencias y circunstancias personales.
Si necesitamos perder una cantidad importante de peso, tenemos alguna enfermedad, tomamos medicamentos o albergamos dudas sobre la alimentación más adecuada, lo prudente es consultar con un profesional sanitario cualificado.
Y, sobre todo, olvidémonos de las soluciones milagrosas. El objetivo no debería ser pasar unas semanas «a dieta», sino conseguir una forma de comer y de vivir que podamos mantener durante muchos años.
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